viernes, 3 de agosto de 2012

La Piedra


Eso es una piedra
se los puedo asegurar
aunque pueda volar
es una piedra,
lo puedo afirmar
también las he visto viajar

Es por causa natural
que las piedras vuelen
las he visto salir entre la multitud
elevándose como si fueran gaviotas
buscando alimento en el mar
para dejarse caer con fuerza
sobre algún animal.

Fíjense cuando se reúne la maza,
cuando se acercan en piquetes
aquellos hombres verdes
cuando nos miran como filete
las piedras sabias e inteligentes
elevan su cuerpo con velocidad,
observan a su victima
y se dejan caer por ley de gravedad,
-no me lo digan a mí señoras
díganselo a la ley-
quién con certeza puede negar
que aquella doctrina sea real;
si puede subir, puede bajar.

¡Sí!, es la naturaleza,
sabia ella,
si hasta el agua puede volar
de forma intencional,
como un misil dirigido desde algún cañón,
¡chaa! la media volá
(frase de admiración
expresada por el autor).

Cuando la piedra cae,
sobre algún cuerpo verde
ya sea carro, paco o extraterrestre
maremágnum es feliz,
porque esa  piedra es feliz.

lunes, 2 de abril de 2012

Las Galerías de Santiago

Mientras camino por las calles de Santiago centro, me encuentro con un sorprendente mundo paralelo, adyacente al bullicioso clamor estresante de la ciudad, un pasillo que no admite el ruido ni luz natural, son las cloacas de una capital antigua, un Santiago intimo en las entrañas de sus ajedrecísticos edificios. Ahí otra dimensión, sin raudales de acelerados caminantes, ni ambulantes ni botones de pánico, sin árboles ni vehículos, ni lustra botas, ni guardias, solo sombra mitigada por las ampolletas de las vitrinas silenciosas de los locales que comparten en variedad estos túneles que, al transitar por ellos, te das cuenta que conectan el centro haciéndolo más gigante.

Son las bocas de los edificios, por Banderas; se observan algunas rítmicas caderas en la galería Edwards, cruzando el paseo Ahumada, mi alma acelerada, hasta la Matte conectando el Paseo Estado con la calle San Antonio por la Galería España, un paradigma que a cualquiera engaña.

Ahí me encuentro, en medio de la ciudad pero varias décadas atrás. Las flores que adornan estos recovecos fabulosos son las luces de neón que hacen de la flora propicia para la pícara fauna detrás de algunas vitrinas de vidrio ahumado, cuales secretos por desahuciado solo llego a imaginar.

Laberinto gigante que de inclemencias invernales no conoce, del paso de las horas no sabe, ahí en esos rincones misteriosos de las venas de la ciudad acogiendo hombres pálidos en las butacas de los cines que antaño tuvieron cartelera familiar. Otras bestias habitan este habitad tan particular, peluqueros, joyeros, cocineros, notarios, peatones curiosos como yo y otras miles de especies.

Las galerías de Santiago, a veces parecen ruinas de majestuosidad arquitectónica, otras; vida plena a contra luz, otras, cloacas infectadas de nostalgia en la basura, estas galerías de Santiago alternativo ya se las quisiera otra cuidad.